martes, 17 de junio de 2008

6-0 --> ¿Qué más puede pasar?




Ataca Forlán, desborda y vence a Butrón.... gol uruguayo.




Falla Rodríguez, Charlie Good (Carlos Bueno) aprovecha el error y marca el quinto en el ''Centenario''.




Abreú le gana a la endeble defensa peruana y sentencia la historia en Montevideo.




Otra vez una historia desagradable se escribe en el ''rico'' libro del fútbol peruano. Una goleada más... que importa? Montevideo fue testigo de un Bonus Track de la Selección Nacional, que una vez más, regresa sin gloria a Lima.

Es la misma historia. Mientras Luis Horna se rompe el lomo ganando un Roland Garros. Mientras Ramón Ferreyros corre cientos de kilómetros para ganar un Rally; nuestros ''muchachos'' no saben donde esconder la cara tras una nueva humillación.

Empezando por el partido (me disculpa amigo lector, el tipo de artículo que estoy escribiendo... solo q la indignación me embarga), el partido se empezó a perder con el primer gol de Forlán. Nos dimos por derrotados, no con el segundo gol, sino con la expulsión de Paolo Guerrero. Fue en eso momento, donde el equipo perdió alma, perdió ganas y energía... (aunque a decir verdad, hace mucho tiempo, el equipo carece de lo mencionado).

El fútbol en Perú es un cáncer... y por estos días, lamentablemente no tiene cura. La principal enfermedad de nuestro balompíe, es sentirnos superiores cuando en realidad no hemos ganado nada. El verso de que Perú cuenta con un fútbol exquisito, de fino toque y precisión, quedaron en los años 70. Lamentablemente, hoy el equipo no tiene identidad, y si la tiene, solo es una oda al desorden, la imprecisión y el desgano.

Es duro decirlo, sobre todo para mi, que tengo 22 años y solo he visto a mi país en el Mundial Sub 17 del año pasado. Es triste ver el repunte de países como Ecuador y Venezuela, que son protagonistas en las actuales eliminatorias. De no ser por Bolivia, hoy, estaríamos hablando y tomando conciencia, de que somos el peor equipo de esta parte del continente.. Duro verdad?

¿Responsables? ¿Del Solar? Si tras el duelo con Ecuador, señalé al Chemo como responsable directo, hoy podría repetirlo, aunque quizás, también podria justificarlo.

Me explico:
Responsable Directo: El sistema y el orden en la cancha... Ante Colombia, considero que fue un error, jugar con un solo punta como Paolo Guerrero, teniendo en cuenta que se jugaba de local y los tres puntos se necesitaban con urgencia.

Confiar en elementos que para la selección, ya no se deberían de tomar en cuenta: Martín Hidalgo, Juan Cominges e incluso Juan Carlos Mariño, que son jugadores solo para sus respectivos clubes.

La mitad de cancha: Confiarle a Rainer Torres la labor de recuperación para mi fue un suicidio, sobre todo en los amistosos ante España y México. Del Solar derrepente lo tomó como una presión de la prensa o de la afición de jugar con dos de primera linea como Neyra (ante Colombia) y Cevasco (ante Uruguay)

Justificación: Chemo no tiene la culpa de llegar a la Selección en el peor momento dirigencial del fútbol peruano en su historia. Es simple y no hay vuelta que darle. Seguramente en un futuro, tendrá su revancha.

Pero quienes se llevan el premio mayor son los dirigentes... ¿y ahora que van a decir? Cuál va a ser el discurso del excelentísmo Juvenal Silva ante esta lamentable actuación de la bicolor. [aunque me acabo de enterar que renunció. Enhorabuena!]
Solo le debemos de rogar al destino que un día, este presente cambie. Que podemos pedir? Nos debemos conformar con el torneo local? para qué? Si vamos a carajear cuando jueguen la Copa Libertadores?

De qué sirve tanta ilusión... de que sirven los spots de Coca - Cola y Cerveza Cristal. De que sirve prenderse de los televisores en cada partido de la Selección. ¿PORQUÉ NO NOS DAMOS CUENTA QUE EN EL PERÚ HAY OTRO DEPORTES? Donde quedan Luis Horna, Ramón Ferreyros, Sofía Mulanovich, Julio Granda, Juan Manuel Polar, Valeria Silva... tantos deportistas que no tuvieron las comodidades de nuestros futbolistas, costearon sus competiciones y hoy saborean la gloria.

Basta de paternalismos! [y ese mensaje va a la prensa]. Dejen de ser Papás de los jugadores y cumplan con su labor [felizmente yo me retiré de ese rubro].


Solo termino diciendo: en las buenas y en las MALAS...... FUERZA PERÚ!

jueves, 5 de junio de 2008

Carta de un hincha Aliancista


Junio de 2007. Hace frío en Lima. El frio que hace en la capital, no se compara al frio que hace en Matute. Hoy los corazones del hincha aliancista se resisten a ver la realidad del equipo.


Hola mi querido Alianza... porque a pesar de todo, te quiero. A pesar de mirar la tabla de posiciones, no dejo de perder la ilusión y las ganas de verte salir ganador. Hoy no me importan las criticas, ni me importan las burlas... solo me importa que recuperes tu alegría.


Pero todo esto fue tan brusco. Cuándo pasó? Qué ocurrió? Qué mal hicimos? Hay responsables? Desde luego que si. Luego de un inicio de década alentador, en algún momento, nos tenía que tocar afrontar una situación que esta muy distante de la felicidad. Mi querido Alianza, me duele ver nuestro hogar, Matute, con las tribunas vacías, con un cordón policial que separa al Comando Svr, ver a los hinchas de Occidente desesperados porque los resultados no se dan. Pero yo tengo fe, tengo demasiada fe que Alianza va ganar, porque hoy es el momento donde nuestro aliento tiene q ser incondicional.


Hoy veo los cambios, y quiero volver a creer en ti. Quiero que las lágrimas que brotaron de mis ojos en 2006, luego de presenciar ante ti, una nueva consagración nacional, vuelvan a aparecer. Quiero que vuelvas a ser grande, quiero que destruyas a las gallinas y los bajes de sus nubes... ellos son quienes deben de estar en el abismo, mientras nosotros nos abaniquemos con aires de gloria y pasión.


Vamos Alianza, tienes que ser como el Ave Fenix y despertar de tus cenizas. Varias veces haz demostrado que te haz levantado y haz sacado fuerzas para vencer tus problemas...


Te escribo esto con impotencia, con rencor por ver a mi pasión, tirado en los últimos lugares, humillado hasta en mi propia casa, siendo el hazme reir de todo el mundo. Pero para eso vive el hincha de Alianza Lima... es en esos momentos duros, en donde se ven a los que verdaderamente aman la blanquiazul. No es hincha de ALIANZA LIMA, aquel que no haya llorado, aquel que no haya sufrido por el Equipo del Pueblo.


Vuela Alianza Lima, descarga todo tu interior, no tengas compasión y arrasa con todo.

lunes, 2 de junio de 2008

¿Creíamos en Supercampeones?

Una buena forma de re inaugurar mi espacio, es hablar sobre este tema. Ha tiempo discutí con unos amigos muy cercanos, y todos nos quedamos impresionados al ver, que la historia del popular Oliver, ídolo de muchos niños, era sólo un sueño, que para él, pudo haber sido dulce, pero a la vez fue una pesadilla.

Cito, el texto que público Miguel Castillo, otrora compañero de labores en www.golesperu.com, mostrando talvez, un lado humano o conmovedor, tras este penoso desenlace:





“…han destruido mi niñez… cómo es posible que digan eso… mis ilusiones de niño giraban alrededor de Los Supercampeones… por qué son tan crueles…”
Anónimo


Era en un estadio apoteósico, con las gradas todas llenas vitoreando maquinalmente el nombre de un jugador con la estampa de “diez”, el capitán de Japón. Él, se acomoda el chimpún entrelazando sus pasadores; un ajuste de lengüeta en el botín derecho para que el “Tiro de remate” no tenga desperfectos. Alista el cuerpo y la mente para vencer al Brasil de Santana en la final del campeonato mundial de fútbol…


…Toca bien. Sujeta el balón con destreza. Avanza por el verde infinito sorteando rivales de casaca rubia, ridiculizando al carioca con un sombrero antojadizo, fantaseando con la pelotita que es su mejor amigo. Oliver está acompañado por el incondicional Tom, el grosero Hyuga, Armand que va de seis, y Benji –entre otros- en la portería, para que se preocupe sólo del arco contrario…


…Pasaron las paredes con Misaki, los saltos pronunciados, atrás las barridas alevosas, las guachitas escurridizas, y llegó. El tiro que debe convertirse en gol, el tiro que practicó toda su niñez para este día, el día de ser campeón. Y apunta… el cuerpo hacia adelante, como un péndulo, paralelo al gras… los brazos abiertos planean como un halcón a pique… su derecha alza vuelo… y dispara… la pelota, hueva, se pierde en el cielo… se confunde con un blanco paz, un blanco que difumina el tiempo y el espacio… Despierta.


…”Mamá, soñé que le hacía gol a Brasil y ganaba la Copa del Mundo”… Una sonrisa ingenua y el mejor amigo al lado… Ella le abraza y consuela… Él, niño, yace acostado en una camilla, en un hospital… sin piernas…


Oliver Atom fue amputado por un rumor virulento de la Internet. Un desenlace alterno de la serie que reclama su autenticidad. Un supuesto final censurado en los medios por su efecto coercitivo y desgarrador, y que viene siendo el tema en boga por los afectados: toda una generación que creció alucinando jugar alguna vez como el capitán Tsubasa.


Yoichi Takahashi jugó a ser Dios entre los años 1981 y 1989. Es el genio creador de la saga que protagoniza Oliver Atom y que secundan Benji Price, Tom Misaki, Steve Hyuga, y más. Empezó la idea en un manga de bolsillo con el fin de impulsar la práctica futbolística en el país nipón. Se publicó en la revista Shōnen Jump y tuvo un total de 37 volúmenes.


Era 1983 y la popularidad del comic no tenía precedentes. Fue entonces cuando, atraído ya por el Ánime, se bosqueja el proyecto de su realización para la pantalla chica, donde se estrenó el 13 de Octubre de aquél año bajo el nombre “Kyaputen Tsubasa” (Capitán Tsubasa). Posteriormente se exhibiría en España con el nombre “Campeones: Oliver y Benji”, y a Latinoamérica con “Supercampeones”.


Se transmitieron 127 capítulos (con una duración de 21 minutos cada uno) hasta el 28 de Marzo de 1986, día donde se conocería el supuesto primer fin de la serie japonesa que tenía a la selección de ese país jugando la final del mundial ante Brasil. En él, Oliver despierta de un sueño después de rematar al arco y se advierte que no tiene piernas. Acá es donde empiezan las conjeturas, a forzarse los hechos y regular las casualidades.


Recuerde, lector, el título del primer capítulo. “Un gran sueño”. Oliver, un poco más grande que una pelota de fútbol, sufre un accidente tras ser atropellado abruptamente por un camión. El balón le salva la vida (por eso lo del “mejor amigo”), pero no sus extremidades inferiores. Y sueña, sin sugerirlo, con todo lo sucedido en la serie. Un sueño que duró 127 capítulos y que es tan vívido que hasta ahora cuesta pensar en este hipotético desenlace, exhibido por única vez el 28 de Marzo de 1986.


La crítica le habría bajado el dedo a Takahashi y se le exhortó arreglar otro final, con un “happy ending” gringo, o simplemente sin cercenar a una figura que alimentó nuestro deleite pelotero en la infancia. La censura irremediable provocó que su creador ideara dos finales más a la zaga de Oliver y compañía, sin muertos ni amputados, con ídolos y jugadores de verdad.


El final oficial, presentado sin tapujos y exportado al mundo, nos dibuja a un Japón campeón del mundo, imponiéndose tres a dos ante Brasil. El primer tiempo terminaría empatado, pero con el ingreso de Tom Misaki Japón logró ponerse adelante. Santana iguala y se van a la prórroga, donde Oliver con una jugada en el aire se encargaría de desnivelar el marcador, una vez más, y es campeón…


…Una consumación esperada, todos contentos. Era la estampa de la voluntad del espectador, y que Takahashi, necio, extralimitó con otro fin alterno: éste no tuvo censura pero se convirtió más en una pieza ‘caleta’ para el fanático obseso, pues no fue difundido por ni una cadena televisa en el país asiático. En él Japón cae derrotado en la final ante Brasil y el capitán Tsubasa, como en toda la serie, arengó a sus compañeros y los invitó a seguir entrenando para algún día ser campeones del mundo…


Son tres historias con diferentes caminos todas ellas. La serie se sigue emitiendo en la actualidad y escogió el sendero del Japón campeón. Tras esa línea, Oliver fue vendido al Barcelona –Cataluña- (Steve a la Juventus y Benji al Hamburgo) y disputó cuanto campeonato se le cruzó (Mundial de Corea-Japón 2002, entre otros). Conoció nuevos retos y nuevos rivales, uno más fantástico que el otro. Hasta se casa y tiene dos hijos con Patty, todo un ganador.


Si el rumor de un Oliver soñador, niño, sin piernas es cierto, no demoraría en aparecer alguna prueba física de tal suceso. Y si apareciera, no debería sorprendernos el agudo sentido diacrónico de las series japonesas (“Doraemon” o la misma “Candy” cuentan con más de un final en sus gráficas).


Yo sólo espero que mi infancia –y de la generación que se educó con el capitán japonés- no sea arruinada por concomitancias que se gestaron en la Internet, esa bien llamada traviesa red”.